
Hoy debe ser el día de Vamos a molestar al prójimo, y no lo han dicho los informativos. Por consiguiente no me he enterado de esta festividad, ni de que yo era ese prójimo.
Llevan meses llamando de cierta compañía de servicios telefónicos y de Internet a mi casa, a cualquier hora de cualquier día. Se atreven hasta a profanar la santidad de la siesta de los Domingos.
No tenemos nada contratado con esta compañía, y no nos interesan sus ofertas. Se lo hemos dicho por activa y por pasiva; de forma oral y escrita; de buenas y de malas (aunque éstas ya han sido sólo al final). Tienen suerte de que yo sea una mujer paciente y educada, y que además ha estado al otro lado del teléfono, en un puesto similar al suyo, si no habría perdido los estribos hace ya bastante tiempo.
Ayer llamaron de nuevo, y me pillé un mosqueo tremendo. Sin salirme de las buenas formas en ningún momento, creo que le dejé muy clarito al promotor que no quería saber nada de ellos, que borraran nuestro número y que a la próxima, la advertencia de la que hablaba en el email que les escribí, se iba a cumplir. Me iba directa a denunciarles.
El chico se acojonó y parecía sincero cuando decía que no volverían a llamar. Los cojones 33. Hoy han vuelto a llamar, y les ha caído la del pulpo. Si ellos son pesados, yo más. ¿Que "se corta" la comunicación?, no pasa nada, yo insisto y les llamo de nuevo. Estoy sin trabajo, así que tengo todo el tiempo libre del mundo.
Por fin, la última chica con la que he hablado me ha dicho que ellos no tienen potestad para borrar los números que les proporcionan desde otros departamentos. ¿Y no me pueden decir eso a la primera y dejar de marearme?
Que llamen otra vez, que va a ser cuando les lleguen noticias del pollo que he montado en la OCU. De todas formas, ya he incluido nuestro teléfono en la Lista Robinson, un servicio que sirve para ejercer tu derecho a la protección de datos y que empresas comerciales con las que no tienes productos contratados, no te llamen. Si hacen su trabajo com deberían, claro.
Llevan meses llamando de cierta compañía de servicios telefónicos y de Internet a mi casa, a cualquier hora de cualquier día. Se atreven hasta a profanar la santidad de la siesta de los Domingos.
No tenemos nada contratado con esta compañía, y no nos interesan sus ofertas. Se lo hemos dicho por activa y por pasiva; de forma oral y escrita; de buenas y de malas (aunque éstas ya han sido sólo al final). Tienen suerte de que yo sea una mujer paciente y educada, y que además ha estado al otro lado del teléfono, en un puesto similar al suyo, si no habría perdido los estribos hace ya bastante tiempo.
Ayer llamaron de nuevo, y me pillé un mosqueo tremendo. Sin salirme de las buenas formas en ningún momento, creo que le dejé muy clarito al promotor que no quería saber nada de ellos, que borraran nuestro número y que a la próxima, la advertencia de la que hablaba en el email que les escribí, se iba a cumplir. Me iba directa a denunciarles.
El chico se acojonó y parecía sincero cuando decía que no volverían a llamar. Los cojones 33. Hoy han vuelto a llamar, y les ha caído la del pulpo. Si ellos son pesados, yo más. ¿Que "se corta" la comunicación?, no pasa nada, yo insisto y les llamo de nuevo. Estoy sin trabajo, así que tengo todo el tiempo libre del mundo.
Por fin, la última chica con la que he hablado me ha dicho que ellos no tienen potestad para borrar los números que les proporcionan desde otros departamentos. ¿Y no me pueden decir eso a la primera y dejar de marearme?
Que llamen otra vez, que va a ser cuando les lleguen noticias del pollo que he montado en la OCU. De todas formas, ya he incluido nuestro teléfono en la Lista Robinson, un servicio que sirve para ejercer tu derecho a la protección de datos y que empresas comerciales con las que no tienes productos contratados, no te llamen. Si hacen su trabajo com deberían, claro.

Para despejarme he salido a dar una vuelta, comprar un par de cosas y tomarme algo con mis padres.
Hemos ido a un bar que lleva toda la vida en el barrio, y hemos pedido una ración de chopitos, que nos gustan bastante. A mitad de plato ha llegado la "sorpresa": una oruga frita. Sí, sí, una oruga. Ni una caracola, ni un tentáculo ni leches. Una oruga, un gusano, una larva.
Me he levantado con ella en una servilleta y he ido a enseñárselo a la camarera-encargada. ¿Sabéis cuál ha sido su respuesta? Que eso viene en muchos paquetes de chopitos, que lo llevan metido dentro y que es algo normal. ¿Es algo normal que me sirvas comida con gusanos? Pues eso dice mucho del tipo de local que tenéis. El anisakis comparado con esto queda a la altura del betún.
El resto de gente del bar estaba flipando. Normal. Yo he tenido que ir al baño a vomitar, y el mal cuerpo aún me dura.
Cuando nos íbamos me he fijado en que tenían enmarcado el cartel de "Existen hojas de reclamación a disposición de los clientes" en la pared. Le he pedido una hoja y me ha contestado que no tienen, que está el cartel pero no tienen hojas. Acabo de enterarme de que eso es razón para llamar a la policía y denunciar. Estaba tan caliente en ese momento que lo habría hecho (y aún me estoy planteando bajar, ojo).
Lo bueno es que mi padre conoce al dueño, así que ya ha dicho que en cuando le vea hablará con él seriamente. Yo quiero estar presente, que se me ablanda y salen ganando ellos.
Me estoy dando cuenta de que me he vuelto de un belicoso... Antes ejercía de abogado del diablo, ahora lo hago del mio propio. Y me gusta.